Paso 1: Explícale a tu hijo lo que está ocurriendo en su cerebro. Su cerebro le alertará de que está en peligro, lo que hará que su cuerpo reaccione ante ese peligro, incluso aunque en realidad no exista ninguna amenaza. Es probable que intente ponerse a salvo. Ayudar a los niños a darse cuenta de que pueden aprender a decirle a su cerebro qué hacer, en lugar de que sea el cerebro el que les diga a ellos qué hacer, les ayudará a gestionar los pensamientos de ansiedad a medida que vayan creciendo.
Paso 2: Ayuda a tu hijo a identificar sus factores desencadenantes y sus síntomas. Cuanto más aprendamos sobre cómo nos afecta la ansiedad, más podremos tomar decisiones conscientes en lugar de reaccionar de forma impulsiva. Aprender estrategias de afrontamiento ayuda a aliviar los síntomas y nos permite volver a afrontar el estrés con mayor claridad mental.
Paso 3: Da a los niños ejemplos de cómo hablarse a sí mismos para ayudarles a sentirse seguros. Ayúdales a comprender que este paso requiere práctica. Es probable que los niños sigan recibiendo una señal de alerta en su cerebro, pero cuanto más respondan a esa señal con un diálogo interno positivo, más cambiarán la respuesta de su cuerpo, ya que sus pensamientos empezarán a cambiar.
Es probable que los factores desencadenantes sigan apareciendo, pero cuanto más practiquemos, más capaz será nuestro cerebro de encontrar la paz incluso en medio del caos.




