Fe y ansiedad – 1.ª parte

Hace unos años, estaba escuchando un sermón de un pastor al que tengo mucho respeto. Esa iglesia se centra mucho en la sanación y estaban impartiendo una serie de mensajes sobre salud mental. Como antiguo pastor y actual terapeuta, me interesa mucho la relación entre la fe y la salud mental. La semana anterior hubo un mensaje estupendo en el que el predicador (que no era el pastor principal, sino un pastor de la comunidad) habló sobre los problemas de salud mental y cómo Dios puede sanarnos junto con otras formas de ayuda, como la medicina y la terapia. Me encantó. Después, el pastor principal de la iglesia predicó su mensaje sobre la salud mental. Nunca olvidaré una frase en la que dijo: «Muéstrame a alguien que sufra ansiedad y yo te mostraré a alguien a quien le falta vida de oración».

Esto me resultó doloroso. Rezo a diario. A menudo he ayunado durante largos periodos de tiempo y leo la Biblia todos los días. También lucho contra altos niveles de ansiedad. Parte de mi pasión por ser terapeuta proviene de ayudar a las personas a liberarse de la ansiedad. Escuchar esta afirmación tan despectiva y crítica me dolió mucho y me hizo sentir distanciada de un predicador al que realmente respeto.

Así pues, en 2026 quiero centrarme en los conceptos de fe, ansiedad, sanación y pecado. Si eres una persona de fe, es posible que te hayan enseñado que la ansiedad (o la depresión, la ira, la preocupación, el estrés, etc.) es un pecado. Quizá te hayan dicho que solo tienes que «rezar más» o «leer más la Biblia» y todo irá mejor. Si eso te ha generado algún conflicto, explora esta etapa conmigo y trabajemos juntos para sanar.

La ansiedad no es un pecado. Como terapeuta que trabaja con muchos clientes que se identifican como cristianos, a menudo escucho una pregunta discreta pero que pesa mucho: «¿Es mi ansiedad una señal de que mi fe es débil?».

A veces se plantea directamente. Pero, con mayor frecuencia, se manifiesta en forma de vergüenza, autocrítica o la sensación de que algo está «mal» a nivel espiritual. Permíteme repetirlo, con claridad y compasión: tener ansiedad no es un pecado. La ansiedad forma parte de la condición humana. Es una respuesta natural diseñada para protegernos: nos alerta ante el peligro, nos ayuda a prepararnos y nos motiva a actuar. Nuestros cuerpos y cerebros están programados así. Desde una perspectiva clínica, la ansiedad involucra al sistema nervioso, los patrones de pensamiento, las experiencias pasadas y, a veces, la genética. No es un reflejo de tu carácter ni de tu valía. Y, desde luego, no es, en sí misma, un fracaso moral.

Así que vuelve pronto y podremos analizar las causas de la ansiedad, las dificultades para conciliar eso con la confianza en un Dios todopoderoso y cómo podemos utilizar nuestra fe para reducir la ansiedad. Lo haremos sin juzgar a nadie y con la esperanza de sanar.

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