¿Por qué somos como somos? Probablemente hayas oído hablar de la dicotomía «naturaleza frente a crianza» en los debates entre los profesionales de la salud mental. Algunas personas defienden que es la naturaleza, o la biología, la que determina ciertos comportamientos en las personas. Por ejemplo, pueden señalar los rasgos genéticos que hacen que alguien se distraiga con mayor facilidad o sufra depresión. También pueden hacer referencia a diversas enfermedades que provocan problemas de comportamiento. Si alguien duerme o come mal, eso podría provocar cambios biológicos que afecten al estado de ánimo. Otros profesionales clínicos piensan que es la crianza, o el entorno, lo que da lugar a diferentes patrones de comportamiento. Si las acciones de una persona se refuerzan desde una edad temprana, es posible que mantenga esos comportamientos en la edad adulta. Quizás un acontecimiento traumático le haya dejado una herida que aún influye en su forma de ver el mundo, afectando a sus pensamientos y emociones.
Como profesional formado en Terapia Conductual Dialéctica (TCD), me gusta seguir el camino intermedio. En lugar de elegir entre una cosa u otra, tiendo a inclinarme por ambas en la mayoría de los casos, y eso es especialmente cierto en este caso. Uno de los principios fundamentales de la TCD es la teoría biosociológica: somos como somos en función de nuestra biología, nuestro entorno y las interacciones entre ambos.
Biología: Es cómo nacemos
Algunas personas tienen dificultades para regular sus emociones debido a su biología. Desde una edad temprana, algunas personas pueden mostrar una mayor sensibilidad ante las emociones. Los padres pueden identificar momentos en los que un hijo era más propenso a llorar o enfadarse que los demás. Algunas personas simplemente nacen con la capacidad de detectar señales emocionales sutiles que pueden pasar desapercibidas para los demás. Debido a esto, pueden experimentar emociones con mayor frecuencia, de forma más intensa y durante más tiempo. Otras personas nacen siendo menos sensibles a las emociones. Pueden llorar con menos frecuencia, tardar más en captar las señales emocionales o ser menos sensibles a los sentimientos de los demás. Es importante señalar que ninguno de los dos estilos es incorrecto ni malo; simplemente son formas diferentes en que las personas detectan y procesan las emociones. Del mismo modo, algunas personas nacen más impulsivas, y les resulta más difícil contenerse para no actuar sin pensar, lo que da lugar a decisiones poco acertadas. Otras nacen mucho más indecisas a la hora de actuar, lo que puede hacer que pierdan oportunidades por no haber actuado con la suficiente rapidez. Algunas personas, como dicen algunos de los niños, simplemente están hechas de otra manera.
Entorno social: Así es como nos educan
Además de la biología, algunos entornos provocan una desregulación emocional o impulsividad. Por ejemplo, en algunos entornos que no valoran las emociones, estas se tachan de raras, malas o incorrectas. La gente puede decir cosas como: «Estás exagerando», «Deja de reaccionar de forma exagerada» o «¿Qué te pasa?». Estas respuestas pueden llevar a algunas personas a tener reacciones más intensas para mostrar a los demás el alcance de su dolor. Otras personas pueden ser más propensas a desconectarse y a no sentir sus emociones con el fin de mantener una buena imagen. Además, algunos acontecimientos pueden llevar a las personas a tener problemas con la regulación emocional. Alguien podría darse cuenta de un patrón según el cual las reacciones emocionales más intensas provocaban respuestas más rápidas por parte de la familia o los amigos. Una persona podría desconectarse y ser menos propensa a pedir ayuda tras haber visto denegada repetidamente su validación o apoyo. En cualquier caso, el entorno en el que vivimos afectará directamente a la forma en que nos sentimos y regulamos nuestras emociones.
El modelo transaccional: la conexión entre la biología y el entorno
El tercer aspecto de la teoría biosocial es el énfasis en las interacciones entre la biología de la persona y su entorno. Si alguien nace con un carácter más impulsivo, es más probable que tome decisiones precipitadas. Su entorno social comenzará a responder a ese comportamiento, lo que afectará a la persona. A su vez, esa persona responderá de una forma que influya en el entorno… que, a su vez, responderá e influirá en la persona… que, a su vez, responderá e influirá en el entorno… que influirá en la persona… que influirá en el entorno… y así sucesivamente.
Entonces, ¿por qué somos como somos? Sí, nacemos con diferentes formas de expresar y sentir las emociones. Y sí, nuestro entorno social nos enseña a responder con distintos niveles de intensidad emocional. Y lo más importante: la forma en que nuestras acciones interactúan con el entorno social crea un ciclo repetitivo que influye en cómo nos vemos a nosotros mismos, a los demás y al mundo.
La TDC es un protocolo terapéutico que ayuda a romper este ciclo mediante el desarrollo de habilidades para mejorar la regulación emocional, la eficacia interpersonal, la tolerancia a la angustia y la atención plena. A través de clases prácticas en grupo con otros pacientes y sesiones individuales, los pacientes aprenden a aplicar estas habilidades en diferentes ámbitos de su vida. Para obtener más información, visita nuestra página sobre la TDC y descubre cómo puedes inscribirte en las clases y empezar a construir una vida que merezca la pena vivir.
Toda la información sobre la teoría biosocial procede de la siguiente fuente:
Linehan, Marsha. DBT Skills Training Handouts and Worksheets. 2.ª ed., Nueva York, The Guilford Press, 2015.




