John Bowlby, un psicólogo británico, fue el primero en desarrollar el concepto de la teoría del apego. Describió el apego como un «vínculo psicológico duradero entre seres humanos». Su principal interés era comprender el vínculo entre los niños y sus cuidadores principales.
Antes de Bowlby, los conductistas creían que los bebés se apegaban a una persona de referencia porque esta les alimentaba y, por lo tanto, el apego era un comportamiento aprendido. Bowlby y otros investigadores determinaron que, más que ser un comportamiento aprendido, el apego tenía que ver con el cuidado y la capacidad de respuesta de la persona de referencia. El principio fundamental de la teoría del apego es que las personas de referencia que son atentas y receptivas con el bebé le permiten sentirse seguro, saber que puede confiar en ellas y, por lo tanto, el niño es libre de explorar el mundo.
En general, se considera que existen cuatro patrones de apego:
- Apego seguro: es el estilo de apego más común. Los niños con apego seguro se sienten angustiados cuando se separan de su cuidador y felices cuando este regresa. Cuando tienen miedo, los niños con apego seguro se sienten cómodos buscando el consuelo de sus cuidadores.
- Apego ambivalente: es el estilo de apego menos frecuente. Debido a la escasa disponibilidad de los padres, estos niños no pueden contar con que su cuidador principal esté ahí cuando lo necesiten.
- Apego evitativo: los niños con este estilo suelen evitar a sus cuidadores debido a situaciones de maltrato o negligencia. Los niños a los que se castiga por recurrir a un cuidador evitarán buscar consuelo.
- Apego desorganizado: un cuidado inconsistente puede generar confusión en el niño. Estos padres pueden ser una fuente tanto de consuelo como de miedo, lo que da lugar a un comportamiento desorganizado en el niño.
A medida que se ha ido desarrollando la teoría del apego, hemos llegado a comprender el impacto que estos estilos de apego tienen también en nuestras relaciones como adultos. Si tus necesidades se satisfacían cuando eras niño, es probable que hayas desarrollado un apego seguro. Te sientes seguro en tus relaciones íntimas y confías en que la otra persona estará ahí si la necesitas. Si tu cuidador no satisfacía tus necesidades o tardaba en hacerlo, es posible que tengas un estilo de apego inseguro y te resulte más difícil establecer vínculos íntimos y confiar en los demás.
Cada vez que me reúno con un nuevo cliente para la terapia, siempre analizo con él su historial de apego para comprender cómo aprendió a relacionarse a partir de sus cuidadores durante la primera infancia. Los adultos pueden superar un apego inseguro en la infancia mediante la terapia y otras relaciones afectivas en sus vidas que les brinden la oportunidad de vivir una experiencia diferente de seguridad y protección.




