Ayudar a los niños a afrontar el divorcio

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El divorcio es uno de los cambios más importantes que puede vivir una familia. Aunque cada niño reacciona de forma diferente, es habitual que los niños se sientan confundidos, preocupados, enfadados, tristes o incluso aliviados, dependiendo de la dinámica familiar. No hay una forma correcta de reaccionar para un niño.

Como padres, es normal preocuparse por cómo afectará el divorcio a vuestros hijos. La buena noticia es que los niños tienen una capacidad de adaptación increíble, sobre todo cuando se sienten queridos, apoyados y seguros durante todo el proceso de transición.

Recuerda que cada niño afronta el divorcio de forma diferente

Algunos niños expresan abiertamente sus emociones, mientras que otros se guardan sus sentimientos para sí mismos. Los niños más pequeños pueden volverse más dependientes o tener más rabietas. Los niños mayores pueden encerrarse en sí mismos, volverse irritables o parecer menos interesados en actividades que antes les gustaban.

También es importante recordar que los niños no siempre expresan sus emociones con palabras. A veces, sus sentimientos se manifiestan a través de cambios en su comportamiento, en el sueño, en el apetito, en el rendimiento escolar o en las relaciones con los demás.

Asegúrales que el divorcio no es culpa suya

Uno de los mayores temores que tienen muchos niños es creer que, de alguna manera, han sido ellos los causantes del divorcio.

Aunque nunca lo digan en voz alta, los niños pueden preguntarse:

  • «¿He hecho algo mal?»
  • «Si me hubiera portado mejor, ¿mamá y papá seguirían juntos?»
  • «¿Puedo arreglar esto?»

Los niños necesitan que se les repita más de una vez que el divorcio es una decisión de los adultos y que ellos no tienen la culpa.

Unas simples palabras de consuelo, como «No es culpa tuya y no hay nada que pudieras haber hecho para cambiarlo», pueden ser un gran alivio.

Dejemos que expresen sus sentimientos

Los niños pueden experimentar muchas emociones diferentes, a veces todas ellas en un mismo día.

En lugar de intentar convencerles de que cambien de opinión sobre sus sentimientos, intenta darles espacio.

Podrías decir:

  • «Me doy cuenta de que esto te está resultando muy difícil».
  • «No pasa nada por sentirse triste».
  • «Estoy aquí para escucharte siempre que quieras hablar».

Cuando los niños se sienten escuchados, en lugar de ignorados, aprenden que es seguro experimentar y compartir sus emociones.

Mantén la previsibilidad siempre que sea posible

El divorcio suele traer consigo muchos cambios a la vez: nuevas viviendas, rutinas diferentes, nuevos colegios o horarios distintos.

Aunque algunos cambios son inevitables, mantener rutinas predecibles puede ayudar a los niños a sentirse más seguros. Las horas fijas para las comidas, las rutinas a la hora de acostarse, las tradiciones familiares y el tiempo de calidad que se pasa a solas con ellos pueden aportar estabilidad en una época de incertidumbre.

Los niños no necesitan que la vida sea perfecta, sino saber con qué pueden contar.

Evita que los niños se vean envueltos en la situación

Una de las medidas más protectoras que pueden tomar los padres es mantener a los niños al margen de los conflictos entre adultos.

Intenta evitar:

  • Pedir a los niños que elijan un bando
  • Hablar mal del otro progenitor delante de ellos
  • Utilizar a los niños para transmitir mensajes entre los padres.
  • Preguntar a los niños por detalles sobre el otro hogar.

A los niños les hace bien saber que pueden querer a ambos padres sin sentirse culpables ni atrapados en medio.

Hazles saber que está bien querer a ambos padres

A muchos niños les preocupa que mostrar afecto por uno de sus padres pueda herir los sentimientos del otro.

Hazle saber a tu hijo que está bien disfrutar del tiempo que pasa con ambos padres. Esto ayuda a reducir los sentimientos de culpa y le permite mantener relaciones sanas sin sentir que tiene que elegir.

Saber cuándo puede ser útil el apoyo

Muchos niños se adaptan bien con el tiempo gracias a un amor y un apoyo constantes. Sin embargo, algunos niños pueden beneficiarse de recibir asesoramiento si experimentan ansiedad persistente, tristeza, cambios de comportamiento, dificultades en el colegio o problemas para adaptarse a la nueva dinámica familiar.

La terapia ofrece a los niños un espacio seguro para gestionar sus emociones, aprender estrategias de afrontamiento saludables y expresar pensamientos que quizá les resulte difícil compartir en otros lugares.

Buscar ayuda no es señal de que algo vaya mal; es simplemente otra forma de ayudar a tu hijo a afrontar un gran cambio en su vida.

Reflexiones finales

Aunque el divorcio cambia a una familia, no tiene por qué condicionar el futuro de un niño.

Lo que los niños suelen recordar más no es el divorcio en sí, sino cómo lo afrontaron los adultos que les rodeaban. Cuando los niños se sienten rodeados de amor, estabilidad, seguridad y una comunicación sana, están mejor preparados para adaptarse y seguir creciendo con confianza.

Ninguna familia es perfecta, y no hay una forma perfecta de afrontar el divorcio. Lo más importante es seguir estando ahí para tu hijo con paciencia, compasión y recordándole que lo quieres profundamente, independientemente de los cambios que se produzcan a su alrededor.

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