La terapia se basa en la empatía y en la convicción de que nadie debería afrontar solo los retos de la vida. Anna trabaja, entre otros, con adolescentes, jóvenes adultos, personas individuales y parejas, ofreciendo un espacio seguro y libre de juicios en el que compartir dificultades, explorar emociones y sentirse verdaderamente escuchado. Anna colabora con sus clientes para establecer objetivos y les apoya en cada paso del proceso. Basándose en la terapia cognitivo-conductual (TCC) y la terapia dialéctico-conductual (TDC), Anna ayuda a los clientes a desarrollar habilidades prácticas de afrontamiento para gestionar el estrés, regular las emociones y reducir los síntomas de ansiedad y depresión. Las sesiones se rigen por un enfoque humanista y centrado en el cliente, que respeta las experiencias, los puntos fuertes y los objetivos de cada persona. Las prácticas de mindfulness se integran de forma cuidadosa para cultivar la presencia, la autoconciencia y la calma, lo que ayuda a los clientes a afrontar la vida con mayor resiliencia, perspicacia y autocompasión.
Cuando Anna no está dando sesiones de terapia, suele pasar el tiempo con sus gatos, jugando con su familia (¡aunque admite que es demasiado competitiva!), dando paseos, jugando al pickleball o probando a hacer pan de masa madre. También le gusta buscar pequeñas formas de aportar tranquilidad y alegría a la vida cotidiana, ya sea leyendo un buen libro o viendo una serie.

